CAPÍTULO 41
UNPFARG
ABRIL, DÍA D+10
“Profesor, podría, por favor, explicarnos la teoría que mencionó recién?”, dijo la modulada voz de la periodista de CNN.
El profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Bologna estaba muy bien preparado. Su charla completaría el concepto introducido el día anterior por un colega de Princeton, el profesor Martins Fuehns. No solo estaba de acuerdo con su colega. Además, sus fondos provenían de la misma fundación internacional.
“Bien. Más que una teoría es un conjunto de características que resultan comunes a muchos países que muestran un comportamiento errático y poco confiable. De ahí la denominación de Países Fracasados”.
“Y cuales serían algunas de estas características?”.
“Hablamos de una sociedad en su conjunto, verdad?. Las características más comunes, aunque no las únicas, serían la incapacidad para hacerse responsable de los fracasos individuales y colectivos, la baja importancia asignada socialmente a la educación y un profundo desprestigio general del trabajo. También se puede mencionar como factor importante, la restricción al libre flujo de la información”.
“Quiere decir usted, la censura de los medios de comunicación, profesor?”.
“No necesariamente la censura. A veces alcanza con la manipulación de los medios, a través de presiones económicas, amenazas, y extorsión. E inclusive la situación en la que un mandatario se aisla en su Casa de Gobierno y no concede conferencias de prensa. Es decir, habla cuando quiere, pero no deja que nadie le pregunte nada. Esto constituye claramente una restricción, aunque no sea técnicamente censura”.
“Profesor, cual es el el camino para salir de esta situación de fracaso nacional?”.
“No, discúlpeme. Llegado a este punto, ya no hay caminos. Ya es tarde para soluciones. Estamos hablando de una situación terminal. Es decir, cuando el país ya no puede mantener su orden interno y se transforma en un peligro para la estabilidad de la región”.
“Pero, profesor, si no hay soluciones a nivel nacional y la situación se vuelve tan peligrosa, entonces, cuál es la alternativa?”.
“La única alternativa es la intervención de la Fuerza de Paz de las Naciones Unidas, a efectos de restablecer el orden y asegurar la paz regional. No hay otra salida”.
“Aún cuando se trate de una nación independiente?. Qué hay de la soberanía?”.
“La soberanía se pierde en el momento en el que estalla el descontrol interno y el país pasa a ser un peligro para sus vecinos”.
“Y usted considera, profesor, que hay algún país que se encuentre en esta situación en este momento?”.
La periodista de CNN se inclinó hacia delante en su asiento esperando con atención la respuesta.
“Desde luego. Sin duda alguna. Argentina”.
SANTA MARIA, RIO GRANDE DO SUL, DÍA D+10
A la luz de una luna esplendorosamente llena, el coronel Marek Kozlowski se trepó al AMV que se encontraba a la cabeza de la columna y ordenó avanzar.
El contingente de las Fuerzas de Paz perteneciente a la División Mecanizada 12 del Ejército Polaco se puso en marcha. A medianoche, la larga columna de vehículos blindados a rueda y a oruga, se desplazó lentamente por la desierta Avenida Borges de Medeiros, tomó la BR287 y abandonó la base de Santa Maria.
Para la División Mecanizada 12 era una marcha táctica.
Para la Hermandad era la última fase de la Operación Nínive.
AMV
Kozlowski había recibido la orden de marcha a la caída del sol. Le había tomado dos horas impartir las órdenes finales a sus oficiales, encolumnar sus vehículos y poner en marcha la columna.
Se sentía muy satisfecho con la eficiencia demostrada por sus hombres, pero presentía que la situación podía derivar en un conflicto de características difíciles de prever.
El observador de las Naciones Unidas había llegado en su Mercedes. Un diplomático marroquí de baja estatura e impecable traje con corte de Milán. A Kozlowski le desagradó de inmediato. Estaba seguro que el sentimiento era mutuo.
La presencia del diplomático y la pintura blanca de sus vehículos lo ponían de pésimo humor. Kozlowski se había preparado para una guerra, no para una misión de paz, y no se sentía cómodo con sus órdenes. No dispare salvo que sea atacado. “Cuando uno es atacado generalmente ya es tarde”, pensó el coronel.
De todos modos, no se preveía oposición, por lo que, con algo de suerte, se trataría de un paseo militar.
FORMOSA, DÍA D+10
Apenas pasada la medianoche, los AMX-10 del contingente francés de la UNPFARG cruzaron el Río Pilcomayo por el puente internacional “J. D. Perón”, que une la ciudad paraguaya de General Bruguez con la ciudad formoseña de General Belgrano.
Una hora después, la columna de ocho blindados se desplazaba hacia esta última ciudad.
Durante el avance, el primer blindado apuntaba al frente, la torre del segundo apuntaba a la derecha y la del tercero, a la izquierda. Y así alternadamente hasta el último, cuya torre estaba girada hacia atrás.
AMX-10
La poca información de que disponían advertía que una fracción desprendida de la Cuarta Columna del FALB había tomado el control de la zona, cobrando peaje a quienes pretendían pasar y un seguro de protección a la población del lugar. Varios pobladores habían sido fusilados en una plaza como ejemplo para quienes no estuvieran dispuestos a colaborar.
El capitán al mando de los blindados sabía que, si bien no se trataba de tropas del ejército regular sino de milicianos, éstos contaban con armamento relativamente moderno.
No se tenía indicio alguno sobre la actitud que tomaría la banda armada. Si se dispersaría para perderse entre la población, o si resistiría la ocupación de la zona y el fin de su negocio, era una cuestión aún por resolver.
El oficial no tenía la respuesta, pero el jefe de los milicianos tenía sus ideas muy claras. Para José Camilo López ésta era una segunda oportunidad. Conmutada su sentencia de muerte por la simple razón de que faltaban milicianos, López había aprendido la lección y se había convertido en el señor feudal de la zona. Era un negocio muy rentable.
A cuarenta kilómetros del puente y bajo la luna llena, el primer AMX-10 se encontró en medio de un sorpresivo fuego de armas automáticas. Segundos después, una granada de RPG-7 estalló a metros del segundo blindado.
El capitán al mando de la columna metió su cabeza dentro del vehículo y cerró la escotilla.
Los disparos provenían de varias precarias viviendas a la derecha del camino.
Doscientos cincuenta metros marcaba el telémetro laser, cuando el capitán ordenó abrir el fuego.
López se hallaba descansando cuando escuchó los disparos y se despertó sobresaltado.
“¡Tanques, tanques!”, gritaban sus hombres.
“¡No puede ser!”, pensó, “¿qué hacen los militares fuera de los cuarteles?”.
Se asomó por la ventana del primer piso y vio con estupor como un vehículo pintado de blanco giraba la torre en su dirección.
Comprendió que le habían disparado al blanco equivocado. Segundos después, un proyectil de alto explosivo (HE) de 105 milímetros entró por la ventana de la planta baja y explotó.
Dos AMX-10 se desplazaron fuera de la ruta y tomaron posición como apoyo.
Otros dos avanzaron hacia las viviendas.
El capitán ordenó continuar el fuego hasta eliminar la resistencia. Con 38 proyectiles por blindado, tenía suficiente munición como para nivelar las construcciones a ras del suelo, sin arriesgar un hombre.
Trece minutos después, de las débiles viviendas solo quedaban las ruinas.
AMX-10
López se encontró en el piso, aturdido, en medio de los escombros.
Escuchó voces y disparos muy espaciados.
¿Qué estaba pasando?. Le habían disparado a tropas de las Naciones Unidas.
No es que López estuviese asustado. Aún si habían matado a alguien no podían hacerle nada. Tenían que respetar sus derechos y llevarlo ante un juez. Para López, cualquier otra cosa que hicieran, como golpearlo o maltratarlo, sería considerada crimen de lesa humanidad.
Ya se las ingeniaría para salir de la cárcel. Amnistías, y esas cosas que le habían enseñado. López tenía todas las ventajas.
Una bota lo dio vuelta y se encontró frente a un rostro joven y duro.
“¡Quiero un juez!”, gritó. “Quiero que vengan los periodistas”.
El capitán lo miró con curiosidad.
“¡Exijo mis derechos. Exijo que se respeten los derechos humanos!”, dijo con firmeza.
El capitán levantó su pistola y le disparó a la cabeza. Dos veces. Luego colocó el seguro y enfundó el arma.
“¿Qu´est-ce qu´il disait?”, preguntó el teniente.
“Je ne sais pas. Rien d´importance”, contestó el capitán, encogiéndose de hombros.
Se aseguraron de que no quedara ningún sobreviviente y volvieron a los blindados.
SIGUIENTE CAPÍTULO: "Conquistar y mantener"