CAPÍTULO 39
TODO LO QUE SE MUEVE
BUENOS AIRES, ABRIL, DÍA D+8

 

 “Profesor, ¿es la situación tan grave como muestran las imágenes?”.

Los perfectos labios de la periodista de CNN modulaban cada palabra con exquisita precisión.

“Es muy grafe”, contestó el académico de Princeton, “nunca fimos una situación de tanta fiolencia”.

“¿Y qué es lo que usted propondría, profesor?”.

“Las Naciones Unidas deben interfenir en Arguentina para efitar un desastre”.

“Muchas gracias, profesor”.

La periodista se arregló un mechón de cabello que no necesitaba ningún arreglo.

“Fue la opinión del profesor Wilhelm Martins Fuehns, de la Universidad de Princeton, autor del bestseller <Argentina fracasada>. Muchas gracias”.

 

“Y eso, ¿qué fue?”, dijo Colombres, “¿qué sabe de nuestro país un alemán que vive en Estados Unidos?”.

Ramírez aún miraba la pantalla en silencio.

“Fernando, las cosas no suceden porque sí. Si CNN lo pone a este loco de Martins Fuehns en pantalla en lugar de hablar del precio del petróleo, por algo es. Esto no es casual”.

“¿Querés decir que alguien lo mandó? ¿Para qué?”.

El Director se enderezó de golpe en su sillón.

“Rubén, necesito fotos satelitales de las principales bases militares de los países limítrofes. ¿En cuánto puedo tenerlas?”.

“Puedo conseguirlas de a poco. No todas juntas. Depende del horario de pasada del satélite. Las primeras van a ser de Brasil y Uruguay, en tres horas”.

“Quiero ver las fotos a medida que vayan llegando. Esto es serio”.

 

Dos horas y media después, Lieberman colocaba varias fotos sobre el escritorio de Ramírez.

“Acá no pasa nada, Carlos”, dijo Colombres, “no sé qué estás buscando”.

“Lo que dijo este profesor en CNN me dejó preocupado”.

“¿Por?”.

“Tengo un mal presentimiento. La verdad, estoy cansado de reaccionar ante las acciones del enemigo. Así no se puede prevenir nada. Necesitamos adelantarnos un paso. Casi lo logramos con el “sueco” y se nos escapó por poco. Ahora estamos en el final del juego. Quedan muy pocas oportunidades”.

Ramírez se dedicó a ordenar los libros de las estanterías. No encontraba “El príncipe”. Era un libro chiquito. ¿Donde lo había puesto?

“Los militares uruguayos están pintando”, dijo Lieberman, mirando las fotos.

“Típico”, acotó Colombres.”Ya sabés lo que dicen los militares, ¿no?”.

“No, ¿qué?”, preguntó Lieberman, quien no tenía conocimiento alguno de organizaciones militares.

“Todo lo que se mueve se saluda y lo que no, se pinta de blanco”, rió Colombres.

 

“Ah, sí, debe ser gracioso, pero no lo entiendo”, dijo el químico, mirando las fotos.

“Es un chiste, Rubén. No tiene una fórmula química”.

“No soy del todo estúpido, Fer. ¿Pero por qué de blanco?”.

“I don´t know!”, dijo exasperado el ingeniero. “¡Así es el dicho!”.

¿Donde estaba el maldito librito de Machiavelli? Era de color azul.

“Quiero decir, ¿por qué los pintan de blanco y no de verde?”.

Colombres suspiró. Ah, los científicos.

Ramírez reaccionó y pegó un salto.

“¿Los pintan? ¿A qué te referís? ¿Qué cosas están pintando?”.

“Los tanques. Están pintando los tanques de blanco. Eso es lo que no enti...”.

Ramírez le había arrebatado la foto de las manos.

Tardó un segundo en enfocar.

“Ohhh!”, exclamó, “¡qué hijos de puta!”.

Colombres lo miraba como si estuviera loco.

“¿Los uruguayos?”.

“Sí. No. ¡No sé!”.

“¿Qué es lo que pasa ahora?”, preguntó el ingeniero.

“¿No ves? Van a invadirnos”.

“¿Uruguay va a invadirnos? ¿Te sentís bien?”.

“¡No!. ¡Uruguay, no!”.

“¿Entonces quién?”

“¡Las Naciones Unidas! Por eso están pintando los tanques de blanco. ¡Para integrar una Fuerza de Paz! Eso es lo que quería decir ese tipo de Princeton cuando habló de interfención, con ese acento de Munich”.

 

Cuatro horas después, las fotografías del resto de los países limítrofes confirmaban las peores sospechas de Ramírez. En varias bases militares se veían blindados pintados de blanco o en proceso de ser pintados.

 

M-113

“Por primera vez desde que empezó este asunto, sé lo que va a pasar al menos doce horas antes que suceda”, dijo el Director. “Esta oportunidad no la voy a desperdiciar. Si perdemos, les juro que no va a ser por mi culpa”.

“¿Cómo sabés que tenemos doce horas?”.

“Dije al menos doce horas. Con suerte un poco más. Recién están empezando a pintar. Nadie sale al campo con la pintura fresca. Significa que aún no han recibido la orden de avanzar. Si no, no estarían pintando. Estarían en marcha”.

Golpeó el escritorio.

“Comunicame con el general Robles. ¡Para ayer!”.

  

En el cuartel de la Avenida Borges de Medeiros, el proceso de pintura estaba casi terminado. La instalación militar, situada en el centro de Santa Maria, estado de Rio Grande do Sul, era un avispero.

Parte de las instalaciones de la Sexta Brigada de Infantería Blindada, “Niederauer”, perteneciente a la Tercera División del Ejército Brasileño, daba alojamiento a personal militar de Europa Oriental. Más específicamente, a efectivos de la División Mecanizada 12, del Ejército Polaco, con base en Szczecin.

Los vehículos estarían listos en doce horas, pero debían esperar la llegada de un observador de las Naciones Unidas.

Marek Kozlowski no estaba nada contento. El coronel polaco era un veterano de Irak y pensaba que sus blindados a rueda AMV y sus transportes blindados M-113 quedaban ridículos pintados de blanco.

 Si bien aún no había recibido más órdenes que las de pintar los vehículos, Kozlowski tenía una idea muy clara de lo que, en breve, podía suceder.

 

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