CAPÍTULO 24
EL SUECO
BUENOS AIRES, MARZO
 

 

Como tantas otras cosas, sucedió por casualidad.

No era a él a quien el perro olfateaba, sino a la joven a sus espaldas que llevaba dos pequeños paquetes de droga en la mochila.

Pero el hombre de cabello rubio y piel muy blanca, se asustó y corrió.

Tuvo dos cosas a favor. Era ágil y rápido, y la seguridad de Ezeiza estaba aletargada.

En su loca carrera, y ante el desconcierto de la policía, el hombre rubio sorteó varios obstáculos y desembocó en la playa de estacionamiento.

En el momento en que se dirigía a un vehículo para obligar a su conductor a sacarlo del lugar, la pala mecánica bajó su cuchara golpeándolo en la cabeza.

El horrorizado operador de la máquina soltó los controles y la pesada cuchara siguió su trayecto descendente aplastando al hombre contra el cemento.

El hombre había muerto instantáneamente con el primer impacto y no sintió la presión sobre su cuerpo, pero el interior de su bolso de mano, lenta e inexorablemente comprimido, contenía la suerte de miles.

 

“¿Qué sabemos de él?”, preguntó Ramírez.

“Llegó de Estocolmo, vía París, con pasaporte sueco. Vendedor de maquinaria pesada.”, dijo Colombres.

“Toda una ironía. Murió debajo de una de sus máquinas.”, comentó Lieberman.

“¿Por qué escapó, Fernando? Se asustó del perro, pero su equipaje no tenía drogas. ¿Por qué tuvo miedo de ser detenido?”.

“No lo sabemos. No tiene antecedentes ni en el país, ni en Interpol. No había nada en él o en su equipaje que justificara su detención. Si no se hubiera movido hubiera pasado los controles sin problemas. Es más, aún ahora, revisando a fondo, y sabiendo que tenía algo que ocultar la policía no puede encontrar nada”.

Ramírez reflexionó unos momentos.

“Es él, Fernando, es él. Este sueco es la pista que buscábamos. Este hombre es parte del plan del enemigo.”

“¿Por qué se te ocurre eso?”.

“Quiero la lista completa de todo lo que tenía encima y en su equipaje. Por favor, pedila a la policía. Vas a ver que algo vamos a encontrar.”

 

Tres horas después, los tres hombres repasaban la lista.

Ropa, artículos personales, catálogos de maquinaria, cámara fotográfica, dos CD de catálogo.

“¿Qué contienen los CD?”.

“Uno está destruido. Tiene una etiqueta que dice “PEAKTOP”.  No se puede leer nada. El otro tiene una contraseña. Tampoco se puede leer”.

“¿Ves?, ¿quién le pone una contraseña a un catálogo? Fernando, estamos en la pista, pero quiero que me manden los CD. La policía no tiene los medios para tratar estos temas. Están preparados para la delincuencia común. Esto es otra cosa”.

No se necesitó mucha presión para conseguir que la policía les transfiriera el caso. Más que contentos de poder sacárselo de encima, la policía les transfirió toda la documentación y material antes del anochecer.

El sueco era ahora responsabilidad del CMC.

 

A la mañana siguiente, Ramírez dio las órdenes.

Informática se dedicó a tratar de romper la clave del CD encontrado intacto. En cuanto al otro, nada podía recuperarse. No solo estaba aplastado, sino que seguramente también tendría una contraseña.

Ramírez no era hombre de desaprovechar oportunidades. No sabía si la etiqueta quería decir algo pero iba a agotar la investigación.

“PEAKTOP”.  La cima de una montaña. ¿El nombre de una operación?

Ramírez reunió a sus especialistas.

“Mientras Informática trabaja con el CD intacto, quiero que busquen PEAKTOP en todas partes. Montañas en Suecia y en Argentina. ¿Qué hay en la cima de cada una que sea de interés? ¿Van a volar un teleférico? Empresas con ese nombre, en especial aquellas dedicadas a importación y exportación. Empresas navieras, de aviación y de turismo. Buques con ese nombre, de cualquier bandera. Controlen el puerto. Fabricantes y comerciantes de armas y explosivos. Equipos de Fuerzas Especiales que actuaron con ese nombre en alguna guerra reciente. Alguna operación militar de ese nombre. Busquen en los archivos. Busquen en Internet. Pregunten en la calle. Ah, también, juegos de video con ese nombre, y personajes de novelas. Es la única pista que tenemos. ¡Busquen!.”

 

Ya solos en el despacho, Colombres dijo, “es un esfuerzo enorme y no tenemos idea de qué estamos buscando”.

“Tráiganme todo a mí. Ya filtraremos la información aquí. Fernando, ésta es la primera oportunidad que se nos presenta de adelantarnos un paso a un enemigo que siempre nos gana de mano. También quiero toda la información disponible sobre el sueco. No solo la de Interpol, que no saben nada. Tomen contacto con la policía sueca. Quiero saber quién es y cuál es su especialidad. ¿Qué sabía hacer este tipo?”.

“Carlos, estamos jugando todos los recursos a una sola posibilidad. Puede ser que el sueco sea un delincuente común y no tenga nada que ver con nada.”

“¿Se te ocurre algo mejor? Igual, ¿qué tenemos para hacer? No nos dejan hacer nada”.

 

Ramírez también tenía dudas. Podía ser una amenaza real o una fantasía que distrajera sus recursos.

La respuesta iba a llegar más rápido de lo que nadie esperaba.

“Señor Director, “dijo el jefe de Informática en el intercomunicador, “rompimos la clave. Es un plano, en Autodesk Inventor”.

  

Ramírez y Colombres se precipitaron hacia el Puesto de Comando.

El jefe de Informática se había permitido llamar a un arquitecto de otra sección y cuando el director llegó los encontró discutiendo.

“El plano es de un edificio, pero no tiene rótulo”, explicó el jefe de Informática, “por eso llame al arquitecto.”

“¿Entonces?”, preguntó Ramírez al arquitecto.

“Sin rótulo puedo saber qué tipo de edificio es, por ejemplo, una casa, una escuela o un banco, pero identificarlo entre miles es casi imposible. Tendríamos que cotejarlo con los planos de archivo y eso llevaría meses.”

 

 De golpe, el plano se proyectó sobre la pantalla de plasma.

El arquitecto lo observó un instante.

“¿Qué?. ¿Es una broma para la televisión?”, dijo.

“¿Por qué?”, preguntó Ramírez, súbitamente inquieto.

“Cualquier otro edificio sería muy difícil, pero éste es más que evidente.”

“¿Quiere decir que lo reconoce?”.

Un instante antes de escucharlo, Ramírez adivinó la respuesta.

“Por supuesto. Es el Congreso de la Nación”.

 

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